La Plaza Mayor posee multitud de curiosidades que la mayoría de visitantes (e incluso de madrileños) no conocen o no se han dado cuenta ni siquiera de que existen. Mensajes ocultos, leyendas “con mal olor” o comercios centenarios son algunas de las cosas que podrás descubrir entre las arcadas de la Plaza Mayor de Madrid.

Las Farolas de la Plaza Mayor

La Plaza Mayor de Madrid cuenta con cuatro farolas idénticas en la zona central del espacio, cerca de cada esquina del rectángulo de su planta. Ideadas por un grupo de ideales urbanistas den 1989 sirven, además de para iluminar, para poder sentarse a contemplar la arquitectura del lugar o degustar un delicioso bocadillo de calamares. Pero además, en su respaldo, cuentan con una serie de bajorrelieves realizados en bronce que cuentan cuatro de los principales episodios históricos que han sucedido en la Plaza Mayor de Madrid: Celebración de los Carnavales, ajusticiamientos de presos, corridas de toros y, por supuesto, incendios (en total tres grandes incendios a lo largo de la historia de la plaza).

Una estatua con mal olor

La estatua ecuestre del monarca Felipe III, además de coronar la Plaza Mayor, tiene una curiosa historia a sus espaldas. La estatua pesa cinco toneladas y media, y llegó a Madrid en el año 1616 tras un largo viaje desde Florencia. Se instaló de manera provisional en el llamado jardín del Reservado en el alcázar y un año después se trasladó a los jardines de la Casa de Campo. Aquí se mantuvo hasta el 1848. Año en el que Isabel II decidió llevarla a la Plaza Mayor.

La estatua ecuestre de Felipe III de cerca.
La estatua ecuestre de Felipe III de cerca.

Una vez situada en la Plaza Mayor, con el paso de los años comenzó a oler de forma nauseabunda en los alrededores de la estatua, justo en el centro de la plaza. Surgieron incluso todo tipo de teorías disparatadas, entre las que destaca un antiguo cementerio visigodo sobre el que se alzaba la Plaza y cuyo olor a cadáveres aún persistía.

El origen del mal olor no se descubrió hasta 1931, cuando un grupo de republicanos, tras proclamarse la II República, llegaron a la plaza para poner un “petardo” dentro de la boca de la escultura. Al explotar, se descubrió que el mal olor venía de miles de huesos y cuerpos putrefactos de gorriones que durante siglos habían entrado por los orificios de la nariz y la boca y al intentar salir de la panza del caballo morían en la oscuridad; convirtiéndose la estatua en un auténtico cementerio de gorriones. La estatua fue restaurada tras la Guerra Civil por el escultor Juan Cristóbal, que esta vez selló la boca y los orificios de la nariz del caballo.

Los relojes de la Casa de la Panadería

En lo más alto de las dos torres que presiden la Plaza Mayor de Madrid desde los laterales de la Casa de la Panadería podemos encontrar dos esferas aparentemente de relojes que tienen su historia, y sus curiosidades.

La Casa de la Panadería, en la Plaza Mayor de Madrid.
La Casa de la Panadería, en la Plaza Mayor de Madrid.

En su origen, allá por 1674, se instalaron en ambas torres dos relojes. El primero de ellos era mecánico y se situaba en la torre de la izquierda, mientras que el de la torre de la derecha era un curioso reloj solar. Sin embargo, tras la prácticamente desaparición del edificio tras el gran incendio de 1790, el reloj mecánico se mantiene igual (aunque es sustituido en los años 70 por un nuevo reloj mecánico realizado en granito rojo de casi dos metros de diámetro) y el reloj solar es sustituido por un barómetro ideado para indicar la presión del aire y anunciar así, a los madrileños, el tiempo previsto en la ciudad de Madrid. Desde hace algunos años el mecanismo ha dejado de funcionar y curiosamente la flecha ha quedado fija marcando en la capital una presión de 723 milímetros de mercurio, indicando Buen Tiempo.

Bocadillos de Calamares en la Plaza Mayor

Que el bocadillo de calamares es uno de los principales puntos gastronómicos de Madrid no es algo que se le escape a nadie. Se trata de un plato absolutamente simple, casi un “fast food”, compuesto de calamares rebozados a la andaluza alojados en un pan abierto por el lateral. En los años 60 se popularizó como comida de masas en parte por su creciente presencia en los bares de los accesos a la Plaza Mayor de Madrid. Hoy en día es casi una tradición y una obligación para los visitantes degustar de este aperitivo con una bebida fría, bien en los bares de los pasadizos de entrada a la plaza o bien sentados en las farolas de la Plaza Mayor mientras se aprecia la arquitectura del lugar.

Comercios centenarios en la Plaza Mayor

Pese a la creciente turistificación de los lugares más emblemáticos de las grandes ciudades, todavía existen algunos comercios centenarios que resisten a las grandes cadenas de restauración y a las tiendas de recuerdos en la Plaza Mayor de Madrid y que nos permiten viajar a otra época con solo una mirada. Además, cada domingo se celebra una especie de mercadillo de la numismática y la filatelia donde decenas de aficionados y comerciantes hacen sus intercambios.

Mercado de Navidad

Con la llegada de la Navidad, la Plaza Mayor se convierte en el epicentro de las celebraciones de la ciudad, junto con el árbol de la Puerta del Sol. Durante esta época del año, la más conocida plaza de Madrid se convierte en un colorido mercado donde ciudadanos y turistas pueden encontrar productos navideños (árboles naturales, adornos para la casa, figuritas y edificios para los belenes…) junto con instrumentos musicales y artículos de broma para la celebración de las fiestas.En la actualidad conviven más de 100 casetas junto con vendedores de castañas asadas y un bonito carrusel.

Mercadillo de Navidad en la Plaza Mayor de Madrid.
Mercadillo de Navidad en la Plaza Mayor de Madrid.

Se trata de una celebración con varios siglos de historia. Ya en el siglo XVII la plaza de Santa Cruz, muy cercana a la Plaza Mayor, acogía un mercado navideño donde adquirir frutas y hortalizas, además de adornos y regalos. Posteriormente, en el siglo XIX se comenzó a normalizar su celebración, estableciendo la Plaza Mayor como el mercado de venta de pavos, turrones y dulces, mientras que la Plaza de Santa Cruz se centraba en puestos de figuras de Belén, zambombas, juguetes, o artículos de broma. Con el paso del tiempo, se quedó la Plaza Mayor como único espacio dedicado al mercado, sustituyéndose en 1980 los clásicos puestos de lona por casetas de madera, tal y como lucen en la actualidad.

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